A veces me rindo

Ser la madre de un hijo o hija en el espectro autista puede ser agotador

Por Nayeli Rueda

A veces te miro y no sé lo que quieres. Te escucho, pero no te entiendo. No logro comprender por qué estás enojado. Si te pido que te vistas, te molestas. Si te pido que hagas tu cama, das un alarido.

A veces, mi mente comienza a indagar si dormiste bien, si tienes sueño o si tienes hambre. Hay días que le atino al porqué de tu malhumor. Otros, no tengo suerte.

A veces tengo miedo de decirte algo. Pasa el tiempo y sigues irritado. Me da miedo que explotes. Pero, finalmente, decidida, pido que guardes tus juguetes. Te vuelves a molestar. Te tiras al piso. Te pegas. ¡Cómo detesto que te lastimes! ¡Que dañes tu cuerpo!

A veces cuento hasta diez para no perder el control yo también. No quiero gritarte, pero tu actitud retadora y grosera sigue. Decido retirarme de la escena. Voy a mi cuarto. Vas tras de mí.

–¡Carajo! ¡Qué ganas de pelear tan temprano!

A veces te abrazo. Otras, no puedo con todo y, al igual que tú, exploto. El autismo puede ser muy agotador. A veces no funciona ninguna estrategia. A veces cansa ser la madre de un hijo en el espectro autista.  A veces simplemente me rindo.