Conseguir un certificado de discapacidad: un calvario

Las familias con hijas o hijos en el espectro autista se enfrentan a trámites burocráticos para obtener y/o actualizar un certificado de discapacidad

Por Nayeli Rueda

Esa mañana Karen Espinosa no se imaginó lo que diría la médica general del Centro de Salud. Había ido a actualizar el certificado de discapacidad de Saúl, su pequeño de 9 años, quien es autista y también sufre epilepsia, ansiedad y trastorno obsesivo, pero quedó sorprendida al escuchar: “En estos momentos no veo que tu hijo tenga una discapacidad y requiera apoyo”.

Autismo: una discapacidad que puede pasar desapercibida

Las mamás y los papás que conviven todos los días con una persona con esta condición, saben que en 15 minutos no se puede realizar un diagnóstico, tiempo que duró la consulta del hijo de Karen. Llegar a un dictamen médico requiere muchas “valoraciones por neurólogos y paidopsiquiatras”, explica Espinosa, quien señala que el autismo no se ve a simple vista, a diferencia de otras discapacidades.

                                                                                            ¿QUÉ ES EL AUTISMO?

En la consulta, su hijo pudo contestar lo que la doctora le preguntaba, como, por ejemplo, decir su nombre y su edad, y responder que tenía alergias. Incluso, realizó algunas divisiones con punto decimal que contó a la doctora ya sabía hacer.

De acuerdo con Karen, la doctora pudo observar que Saúl hablaba muy rápido, que tiene ecolalia (repite frases), que no se puede amarrar los zapatos, que todo el tiempo se está moviendo. Sin embargo, concluyó que el pequeño Saúl tiene muchas habilidades, que es un niño sobresaliente y que, a pesar de tener autismo, “no le crea ninguna discapacidad”.

Una vez que terminó la revisión, la mamá recibió un certificado de discapacidad que resumía que su hijo “no requiere apoyo”, lo que perjudica a Karen y a su hijo, pues debido a ello no ha podido realizar el cambio de tarjeta y continuar recibiendo la Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente.

“Los médicos están obligados a prepararse y actualizarse para tener los conocimientos y saber qué es el autismo. Entender que esta condición abarca un espectro y que ningún niño es igual a otro”: Karen Espinosa, mamá de un niño con autismo

Poca empatía y mucha desinformación por parte de servidores públicos

Karen no es la única madre o padre que se ha enfrentado a la negligencia y poca empatía por parte de los servidores públicos, quienes por desconocer qué es el autismo y qué tipo de rehabilitación requieren las personas que lo padecen, se niegan a dar los apoyos que otorga el Gobierno y que son su derecho.

La Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente consiste en un apoyo económico de dos mil 800 pesos bimestrales. Tiene como objetivo “mejorar el ingreso monetario de las personas con discapacidad permanente (…) para así eliminar la marginación, la discriminación y el racismo que enfrentan”, de acuerdo con la Secretaría del Bienestar. 

Cuauhtémoc Hernández es otro padre de familia que se enfrentó a la desinformación por parte de algunos servidores públicos. Al llegar a la Secretaría del Bienestar, el Certificado de Discapacidad que llevaba de su hijo, de 6 años, no fue válido para realizar el cambio de tarjeta, pues el diagnóstico apuntaba que tenía autismo, pero “debía tener escrita la palabra discapacidad”.

El papá también cuenta que le solicitaron que el Certificado de Discapacidad especificara en qué grado era el autismo y que señalara cómo era discapacitante en la vida de su pequeño. “Les mostré un resumen clínico expedido por el Centro al que asiste mi pequeño y que señala que tiene autismo. Expliqué cuáles eran los apoyos que necesitaba y las terapias a las que asistía. Pero aún así no fue válido”.

Tramitar o actualizar un Certificado de Discapacidad: un calvario 

Tanto Karen como Cuauhtémoc coinciden en que un Certificado de Discapacidad debería tener una vigencia al menos de tres años. Argumentan que el autismo es una condición permanente que no mejora de un día para otro, sino que requiere de terapias: conductual, de lenguaje, ocupacional, etcétera.